El alcohol deprime el sistema nervioso central. Nótese que la creencia general es que el alcohol por su “poder” para desinhibir, es un estimulante. Pero como agente farmacológico, tiene acción depresora.
En pequeñas dosis, actúa aparentemente como estimulante del sistema nervioso. Esta apreciación es sólo aparente ya que en realidad la “estimulación” se debe a la depresión de los centros inhibidores, “liberando” ciertas actitudes que normalmente parecen dominadas.
El control que ejercen ciertas partes del cerebro, permite a la persona comportarse “sanamente” y de acuerdo a limitaciones “aprendidas”, controlando ciertos instintos e impulsos. Al ingerir alcohol, dichos impulsos instintivos se “liberan” del control y salen a flote comportamientos más espontáneos, pero también más infantiles, con menos sentido crítico.
Esta ausencia de autocrítica da la sensación de euforia y autoconfianza, lo que impulsa al sujeto a ser menos tímido, lo que finalmente se traduce, por ejemplo, en mayor facilidad para hablar y actuar en público.
Para comprender mejor los beneficios de un detoxificante hepático, es importante entender cuáles son los efectos evidentes del alcohol. Estos se dividen en 4 periodos que se relacionan con la concentración sanguínea. Los datos aportados de concentración tienen variaciones aproximadas de más o menos 50 mg de alcohol por decilitro y aplican para personas que NO estén acostumbradas a tomar, es decir para personas que aún no han desarrollado tolerancia por el alcohol.






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