Sin importar qué tan seguras quieran los hombres hacernos sentir, basta que un día no contesten el teléfono o se esfumen una tarde entera para que la mente divague en el mismo terreno: "Está con otra".

Ese primer pensamiento desemboca en otro escenario: la cama. La que diga que nunca ha pasado por esto, miente. La mente femenina todo lo analiza, todo lo desmenuza, todo lo compone y descompone, y es capaz de llenar vacíos enormes en historias medio contadas, o armarlas enteras a partir de un solo detalle.

En esas circunstancias, desconfiar de ellos es agobiante y agotador. Por experiencia sé que la mayoría de las señales que, creemos, ocultan una infidelidad, no pasan de ser novelerías que nos llevan a preocuparnos sin razón.

En cambio hay otras que indican que los señores pueden andar visitando camas ajenas. Estas son algunas:

Dejan de ser: casi de un día para otro su comportamiento en la cama cambia. Nada les gusta, se muestran apáticos y sacan cualquier disculpa para evitar los polvos caseros.

Abruptamente les parecemos gordas, apáticas, que nos movemos poco o que nada hacemos por estimularnos. Mejor dicho, la quejadera empieza.

Si hay algo rutinario en la cama es un marido. Si súbitamente le da por proponer prácticas que se salen del libreto sexual, empiece a sospechar, sobre todo si se enoja cuando le pregunta el porqué.

Quien se prueba en otra cama tiende a interesarse, también en forma repentina, por temas como la disfunción eréctil, la eyaculación precoz y los tónicos sexuales. Sobra decir que si usted no es la beneficiaria, debe sumarle un punto.

Aunque parezca tonto, si coge por costumbre ducharse después de llegar de la calle o del trabajo, y antes de acostarse, también sospeche.

Si a todo lo anterior se suman otras cosas, como el afán repentino por cuidar o cambiar su aspecto (inscribiéndose a gimnasios, haciendo dieta, sometiéndose a tratamientos de belleza), ausentarse siempre de la casa poniendo el trabajo como excusa y usar en forma misteriosa el celular (no contestar ciertas llamadas delante de usted o esconderse para llamar), ya es hora de empezar a hablar.

Via eltiempo.com